El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha creado una página web para ayudar a que los chilenos puedan encontrar a sus seres queridos después del devastador terremoto que sacudió el sábado el país andino y que ha dejado hasta el momento 723 víctimas mortales.
La web, ‘www.icrc.org/familylinks‘, “permite a la gente en Chile y en el extranjero registrar los nombres de los familiares con los que quieren restablecer el contacto”, explica el subdirector de la Agencia Central de Búsqueda y la División de Protección del CICR, Robert Zimmerman, en un comunicado. A continuación, “incorporará las respuestas una vez estén disponibles”, añade.
La página la gestiona el CICR en cooperación con los servicios de búsqueda de la Cruz Roja Chilena y de otras sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en todo el mundo.
Por otra parte, también ha llegado a la capital chilena un equipo de Oxfam Internacional compuesto por cinco personas, según informó esta ONG en un comunicado. El equipo, compuesto por logistas y técnicos de agua, saneamiento e higiene, identificará las necesidades básicas de la población para proceder a una respuesta humanitaria adecuada.
Además, Oxfam tiene previsto enviar stocks de ayuda y material humanitario como mantas, cubos para cargar agua y filtros desde su almacén en Bolivia. No obstante, la agencia está aún buscando la mejor manera de enviar este cargamento a Chile.
Ecologistas en Acción, WWF y Greenpeace muestran su preocupación por el retraso de la Comisión Europea a la hora de decidir su postura sobre la protección del atún rojo. Las organizaciones ecologistas piden a los países miembros que incluyan esta especie en el Apéndice I del Convenio CITES, lo que prohibiría su comercio internacional. A partir del 13 de marzo se celebra en Doha (Qatar) la próxima Conferencia de las Partes del Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (Cites), quizás esta sea la última oportunidad: el atún rojo se encuentra al borde de la extinción y necesita medidas urgentes para evitar el colapso.
Más del 75% los stocks pesqueros mundiales están totalmente explotados, sobreexplotados o agotados. La sobrepesca, principalmente, ha provocado la desaparición del 90% de los grandes depredadores, como el bacalao, el atún o el pez espada.
Entre el 80 y el 90% de las capturas del Mediterráneo se destina a la exportación, en su mayoría hacia Japón. De hecho, este pais cuenta con unas reservas estratégicas de 25.000 toneladas de atún rojo procesado, lo que equivale a más de 30.000 toneladas en vivo, el doble de la cuota mundial de capturas para 2010. Actualmente, la población de machos reproductores es el 15% de lo que era hace unos años. Pese a estos datos, la cifra de extracciones en todo el mundo duplica e incluso triplica las capturas anuales permitidas.
Organizaciones no gubernamentales denuncian que las administraciones de la UE que subvencionan con cantidades millonarias de fondos públicos esta actividad son las que encubren las ilegalidades de las flotas de cerco privadas. Italia ha anunciado recientemente que apoya la prohibición del comercio internacional de esta especie, a pesar de tener una gran flota atunera. Esta propuesta de protección se une a la presentada en octubre de 2009 por el Principado de Mónaco, a la que se han sumado países como Holanda, Alemania o Suecia. Sin embargo España, el país que más se juega en la conservación del atún rojo, sigue manteniéndose en contra.
El consumidor final tiene un papel principal en la conservación de esta especie. En Reino Unido ya han lanzado una guía, llamada Fish2fork (Pescado para el tenedor) y que llegará a España en mayo, que evalúa los restaurantes según criterios de sostenibilidad.
Hoy martes celebramos el Día Mundial de los Humedales con la constatación de que, en España, se ha producido una reducción del 60% desde 1970 en la superficie total de eestos ecosistemas.
Los humedales contribuyen a luchar contra los efectos del cambio climático ya que, al ser sumideros de CO2, facilitan la prevención de algunas de sus consecuencias, como las inundaciones o la subida del nivel del mar.
España ha perdido el 60% de sus humedales en tan sólo cuatro décadas, según alerta Ecologistas en Acción con motivo del Día Mundial que se celebra bajo el lema “Proteger los humedales, una respuesta al cambio climático”. A nivel mundial, el Programa Hidrológico Internacional que lidera la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) cifra en un 50% los humedales que el planeta ha perdido desde el año 1900.
En otro informe, WWF señala al “acuciante problema de los pozos ilegales” como principal amenaza de los acuíferos españoles. Sólo el que alimenta Doñana, advierte la organización, ha rebajado en un 90% su aporte de agua a este humedal, debido a los 1.000 puntos de extracción ilegales que hay en la zona, informa Efe.
La asociación ecologista SEO/BirdLife conmemora mañana el Día Mundial de los Humedales con una veintena de actividades en España y Marruecoscon las que pretende concienciar a ciudadanos y administraciones de la importancia de estos ecosistemas en la lucha contra el cambio climático.
La cifra de nuevos socios de Greenpeace España se ha incrementado aproximadamente un 20 por ciento desde el pasado 17 de diciembre, cuando fue detenido Copenhague (Dinamarca) el director de la organización, Juan López de Uralde, tras protagonizar una protesta durante la Cumbre del Clima de la ONU.
Según informó a Europa Press el responsable de Marketing y Comunicación de la organización ecologista, Asensio Rodríguez, Greenpeace suele registrar entre 1.200 y 1.300 nuevos socios cada mes, pero desde diciembre “se ha notado” un incremento de entre el 15 y el 20 por ciento, especialmente las tramitadas a través de la página web, que también ha visto multiplicada la afluencia de internautas.
En concreto, en el mes de diciembre www.greenpeace.org/espana recibió 164.797 visitas, un 35 por ciento más que en el mismo periodo de 2008. Aunque la organización aún no dispone de un desglose de las visitas por días, reconocen que el incremento se notó especialmente en las fechas siguentes a la detención de Uralde.
La policía danesa hizo pública ayer la puesta en libertad de los cuatro activistas de Greenpeace que participaron en una acción pacífica en la Cumbre del Clima de Dinamarca, tras haber soportado 20 días en prisión preventiva en una cárcel de Copenhague. Los cuatro se encuentran en estos momentos a bordo del buque de la organización, Rainbow Warrior, atracado en Copenhague.
Los cuatro activistas de los Países Bajos, Noruega, España y Suiza, fueron detenidos tras una protesta pacífica en el inicio de un banquete de Estado organizado por la Reina de Dinamarca a los líderes mundiales que asistieron a la Cumbre de Copenhague sobre el clima.
El tribunal municipal de Copenhague puso así fin al periodo de prisión preventiva de los cuatro detenidos, pero mantiene los cargos de allanamiento de morada, suplantación de autoridad pública y falsificación de documentos. La justicia danesa debe fijar aún la fecha para el inicio del juicio.
López de Uralde y sus tres compañeros -la sueca Nora Christiansen, el suizo Christian Schmutz y el holandés Joris Thijssen- declinaron hacer declaraciones al abandonar la cárcel y se remitieron a una rueda de prensa que ofrecerán el jueves a bordo del ‘Rainbow Warrior’, buque insignia de la Greenpeace.
Ayer, 56 periódicos en 45 países decidieron dar el paso sin precedentes de hablar con una sola voz a través de un editorial común. Lo han hecho porque la humanidad se enfrenta a una grave emergencia.
“Si no nos unimos para emprender acciones decisivas, el cambio climático causará estragos en nuestro planeta y, con él, en nuestra prosperidad y nuestra seguridad. Los peligros son evidentes desde hace una generación. Ahora, los hechos han empezado a hablar por sí solos: 11 de los últimos 14 años han sido los más calientes que se registran, el casquete polar del Ártico está derritiéndose y la increíble subida de los precios del petróleo y los alimentos el año pasado nos ofrece un anticipo del caos que se avecina. En las publicaciones científicas, la cuestión ya no es si la culpa es de los seres humanos, sino cuánto tiempo nos queda para limitar los daños. Y, sin embargo, hasta ahora, la respuesta del mundo ha sido débil y desganada.
El cambio climático se ha ido produciendo durante siglos, tiene consecuencias que persistirán para siempre y nuestras perspectivas de controlarlo se van a decidir en los próximos 14 días. Pedimos a los representantes de los 192 países reunidos en Copenhague que no vacilen, que no caigan en disputas, que no se echen las culpas unos a otros, sino que aprovechen la oportunidad surgida del mayor fracaso político contemporáneo. Ésta no debe ser una lucha entre el mundo rico y el mundo pobre, ni entre el Este y Occidente. El cambio climático afecta a todos, y todos deben resolverlo.
La base científica es compleja pero los datos están claros. El mundo necesita tomar medidas para limitar el ascenso de la temperatura a 2 grados centígrados, un objetivo para el que será preciso que las emisiones mundiales alcancen su tope y empiecen a disminuir entre los próximos cinco y 10 años. Una subida mayor, de 3 o 4 grados centígrados -el mínimo aumento que, siendo prudentes, podemos prever si no se hace nada-, secaría los continentes y convertiría tierras de cultivo en desiertos. Podría extinguirse la mitad de todas las especies, millones de personas se verían desplazadas y el mar inundaría países enteros.
Son pocos los que creen que, a estas alturas, pueda salir de Copenhague un tratado perfectamente definido; sólo fue posible empezar a avanzar verdaderamente en esa dirección con la llegada del presidente Obama a la Casa Blanca y el cambio total en la política de obstruccionismo que Estados Unidos mantenía desde hace años. Y el mundo sigue estando a merced de la política interior norteamericana, porque el presidente no puede comprometerse por completo a emprender las acciones necesarias hasta que el Congreso lo autorice.
Pese a ello, los políticos, en Copenhague, pueden y deben ponerse de acuerdo en los elementos esenciales de un acuerdo justo y eficaz y, sobre todo, en un calendario firme para que ese acuerdo se convierta en tratado. Deberían imponerse como plazo la reunión de la ONU sobre el clima que se celebrará el próximo mes de junio en Bonn. Como dice un negociador: “Podemos ir a la prórroga, pero no podemos permitirnos el lujo de volver a jugar el partido”.
El núcleo del acuerdo debe ser un pacto entre los países ricos y los países en vías de desarrollo que aborde cómo se va a repartir la carga de luchar contra el cambio climático y cómo vamos a compartir algo que ahora es muy valioso: el billón aproximado de toneladas de carbono que podemos emitir antes de que el mercurio ascienda a niveles peligrosos.
Las naciones ricas son aficionadas a señalar la verdad aritmética de que no puede haber solución hasta que algunos gigantes en vías de desarrollo como China tomen medidas más radicales que hasta ahora. Pero el mundo rico es responsable de la mayor parte del carbono acumulado en la atmósfera, tres cuartos del dióxido de carbono emitido desde 1850. Ahora tiene el deber de tomar la iniciativa, y cada país desarrollado debe comprometerse a serias reducciones que disminuyan sus emisiones a un nivel muy inferior al de 1990 de aquí a 10 años.
Los países en vías de desarrollo pueden destacar que no son ellos los causantes del grueso del problema y que las regiones más pobres del mundo van a ser las más afectadas. Pero van a contribuir cada vez más al calentamiento y, por consiguiente, también ellos deben comprometerse a emprender acciones significativas y cuantificables. Aunque no han llegado a lo que algunos esperaban, los recientes compromisos de los dos mayores contaminantes del mundo, Estados Unidos y China, han sido pasos importantes en la debida dirección.
La justicia social exige que el mundo industrializado rebusque en su cartera y se comprometa a dar dinero para ayudar a los países más pobres a adaptarse al cambio climático y a suministrarles tecnologías limpias que les permitan tener un crecimiento económico sin aumentar sus emisiones. También es preciso fijar la arquitectura de un futuro tratado, con una rigurosa vigilancia multilateral, recompensas justas a cambio de la protección de los bosques y la evaluación creíble de la “exportación de emisiones” para que la carga acabe repartiéndose de forma más equitativa entre quienes fabrican productos contaminantes y quienes los consumen. Y la justicia exige también que la carga que corresponda a cada país desarrollado tenga en cuenta su capacidad de soportarla; por ejemplo, los miembros más nuevos de la UE, a menudo, mucho más pobres que “la vieja Europa”, no deben sufrir más que sus socios más ricos.
La transformación será cara, pero mucho menor que la factura de rescatar al sector financiero mundial, y mucho menos costosa que las consecuencias de no hacer nada.
Muchos de nosotros, sobre todo en los países desarrollados, tendremos que cambiar nuestro estilo de vida. La era de los vuelos que cuestan menos que el trayecto en taxi al aeropuerto se acerca a su fin. Tendremos que comprar, comer y viajar de forma más inteligente. Tendremos que pagar más por nuestra energía y utilizarla menos.
Pero el paso a una sociedad que emita poco carbono ofrece la perspectiva de más oportunidades que sacrificios. Ya hay algunos países que han reconocido que hacer esa transformación puede aportar crecimiento, puestos de trabajo y mejor calidad de vida. El flujo de capitales es un dato significativo: el año pasado, por primera vez, se invirtió más en formas renovables de energía que en producir electricidad a partir de combustibles fósiles.
Para librarnos de nuestra adicción al carbono en sólo unas décadas serán necesarias proezas de ingeniería e innovación comparables a las más grandes de nuestra historia. Pero, mientras que la llegada del hombre a la Luna o la división del átomo surgieron del conflicto y la rivalidad, la carrera del carbono debe nacer de un esfuerzo de colaboración para lograr la salvación colectiva.
La victoria sobre el cambio climático exigirá un triunfo del optimismo sobre el pesimismo, de la visión de futuro sobre la estrechez de miras, de lo que Abraham Lincoln llamó “los ángeles buenos de nuestra naturaleza”.
Ése es el ánimo con el que periódicos de todo el mundo han firmado conjuntamente este editorial. Si nosotros, con puntos de vista nacionales y políticos tan diferentes, podemos ponernos de acuerdo sobre lo que hay que hacer, seguro que nuestros dirigentes también son capaces de hacerlo.
Los políticos presentes en Copenhague tienen el poder de determinar cómo nos juzgará la historia: una generación que vio un reto y le hizo frente, o una tan estúpida que vio el desastre pero no hizo nada para evitarlo. Les rogamos que tomen la decisión acertada.
Este artículo lo suscriben los siguientes periódicos: Süddeutsche Zeitung (Alemania), Gazeta Wyborcza (Polonia), Der Standard (Austria), Delo (Eslovenia), Vecer (Eslovenia) Zimbabue Botsuana (Suráfrica) (Suráfrica), Dagbladet Information (Dinamarca), Politiken (Dinamarca), Dagbladet (Noruega), The Guardian (Reino Unido), Le Monde (Francia), Libération (Francia), La Repubblica (Italia), EL PAÍS (España), De Volkskrant (Holanda), Kathimerini (Grecia), Publico (Portugal), Hurriyet (Turquía), Novaya Gazeta (Rusia), Irish Times (Irlanda), Le Temps (Suiza), Economic Observer (China), Southern Metropolitan (China), CommonWealth Magazine (Taiwan), Joongang Ilbo (Corea del Sur), Tuoitre (Vietnam), Brunei Times (Brunei), Jakarta Globe (Indonesia), Cambodia Daily (Camboya), The Hindu (India), The Daily Star (Bangladesh), The News (Pakistán), The Daily Times (Pakistán), Gulf News (Dubai), An Nahar (Líbano), Arabic Gulf Times (Qatar), Maariv (Israel), The Star (Kenia), Daily Monitor (Uganda), The New Vision (Uganda), Zimbabwe Independent (Zimbabue), The New Times (Ruanda), The Citizen (Tanzania), Al Shorouk (Egipto), Botswana Guardian (Botsuana), Mail & Guardian (Suráfrica), Business Day (Suráfrica), Cape Argus (Suráfrica),Toronto Star (Canadá), Miami Herald (EE UU), El Nuevo Herald (EE UU), Jamaica Observer (Jamaica), La Brújula Semanal (Nicaragua), El Universal (México), Zero Hora (Brasil), Diario Catarinense (Brasil), Diaro Clarín (Argentina).
En esta cuarta edición de los premios que convoca cada año Ecologistas en Acción, el jurado ha querido premiar a aquellos videos que destacan por su creatividad a la hora de transmitir problemáticas que se ubican entre lo ambiental y lo social. (Para ver los vídeos clicar el enlace al final del post)
El jurado, compuesto por Joao Luis Azevedo (director del programa de la RTP, Rádio e Televisão de Portugal, “El Minuto verde”), Andrew Maclaurin (realizador audiovisual), Samuel Martín-Sosa (director del documental “Marcha atrás”) y Theo Oberhuber (coordinador de Campañas de Ecologistas en Acción), ha otorgado los siguientes premios:
Un primer premio para el video “Comprometid@s”, de Manuel Redondo Arandilla, por reflejar la lucha de un grupo de mujeres que intentan revitalizar la zona rural en la que trabajan mientras buscan un equilibrio con su entorno:
Dos menciones especiales del jurado para:
“Un pueblo llamado Concha”, de Mariola Olcina, por reflejar de forma cercana el drama de una activista y su lucha por defender el entorno en el que vive:
“Próxima estación - Hurrengo Geltokia”, de Niko Vázquez, por mostrar de forma imaginativa el escenario en el que nos coloca el cambio climático:
El listado de los diez videos que fueron finalistas es:
“Comprometid@s”, de Manuel Redondo Arandilla.
“Próxima estación - Hurrengo Geltokia”, de Niko Vázquez.
“Un pueblo llamado Concha”, de Mariola Olcina
“La cocina solar”, de Jose Antonio Fortuño Sancerni
“El pueblo de las tortugas”, de Valeria Pugliese
“Secretos de arena”, de Sonia Llera Segovia
“Las Montañas del Norte”, de la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica.
“Mirando entre grises”, de Larissa Sarduy.
“La costa desplumada”, de Jorge Álvarez Chachero.
“Traperos”, de Federica Romeo.
El certamen Videodiversidad nació hace cuatro años para apoyar iniciativas audiovisuales no profesionales y premiar los trabajos que mejor reflejen el ecologismo social, es decir, una perspectiva integradora que entiende que los problemas ambientales y sociales deben tratarse de forma entrelazada.
Con Videodiversidad y el proyecto EcologistasTV, Ecologistas en Acción pretende realizar un trabajo de sensibilización a través del lenguaje audiovisual y los canales que las nuevas tecnologías de la comunicación permiten.
Mucha gente cree que las fronteras y las líneas del mapa ya no tienen importancia, pero Parag Khanna sostiene que sí. Utilizando mapas del pasado y del presente, explica las causas profundas de los conflictos fronterizos en todo el mundo y propone soluciones sencillas pero ingeniosas para afrontarlos.
En Ted.comCameron Sinclair muestra el coste sin denuncia de los mega-proyectos inmobiliarios en quiebra: miles de emigrantes trabajadores de la construcción sin poder volver a sus casas y sin dinero. A sus compañeros arquitectos les dice que sólo existe una única respuesta ética.
Para verlo con subtítulos, picar en la ventana del reproductor, junto al botón de play, seleccionando de la lista desplegable el idioma que prefiráis.
Nuestro frágil planeta merece una voz.
Necesita soluciones.
Necesita cambio.
Necesita acción.
Greenpeace ha lanzado una nueva campaña de participación en la lucha contra el cambio climático: Activistas por el Clima quiere hacer oir su voz antes de la Cumbre de Copenhague, que se celebrará a mediados de diciembre. En su web puedes encontrar la forma en que puedes colaborar y participar de la mejor manera.
Los acuerdos (mínimos) de la Cumbre de la ONU sobre el cambio climático de Bali 2007 (COP 13) abrieron el camino (vía Poznan 2008, COP14) hacia la cumbre de Copenhague 2009 (COP15, del 7 al 18 de diciembre de 2009). En Copenhague se ha de negociar un nuevo Protocolo que sustituya en 2012 al de Kyoto. Puede ser la última oportunidad para evitar un cambio climático que se nos escape definitivamente de las manos.